ANDÉN MÁGICO, Educación Ambiental y Animación
ANDÉN MÁGICO
Educación Ambiental y Animación

El Andén Mágico(Cuento)

 

 

EL ANDÉN MÁGICO

 

 

No era la primera vez que Blanca iba a una estación de trenes, pero ninguna le había parecido tan grande como aquella. Constantemente trenes llegaban y se marchaban, trayendo y llevándose gente a los lugares más lejanos de Europa. Multitud de paneles anunciaban la llegada de los nuevos trenes, y por megafonía constantemente recordaban a los pasajeros la salida inminente de algún tren. El espectáculo tenía impresionada a Blanca. “¡Es la estación más enorme que jamás he visto!” exclamó.

Mientras sus padres preguntaban en la ventanilla por posibles viajes, Blanca contemplaba emocionada el bullicio: la gente con prisas, el ruido de los trenes, los abrazos de los familiares despidiéndose y reencontrándose… pero nada llamó tanto su atención como la entrada en la estación del tren más hermoso del mundo. ¿Cómo se llamaría ese tren? ¿De dónde vendría? Blanca intentaba buscar en las pantallas informativas el destino de este tren, aunque no sabía muy bien cómo hacerlo. No tardó en darse cuenta de que lo primero que tenía que hacer era buscar el número del andén en el que el tren esperaba la subida de nuevos viajeros, sin embargo no conseguía ver el número del andén. Quizás no se viera desde el sitio en el que ella se encontraba. Así que decidió acercarse un poco más, pero a pesar de ello no acertaba a encontrar el número. Continuó acercándose, y cuanto más se acercaba al tren, más hermoso le parecía, y más se acrecentaba su curiosidad por saber a dónde iría. No podría averiguarlo si no encontraba el número del andén, así que buscó con afán, hasta que se percató de que ese andén no tenía número. Es como si el andén hubiera aparecido de la nada a la llegada del tren más hermoso del mundo.

Intentó preguntar a la gente que pasaba cerca de ella, pero todos tenían mucha prisa y no le prestaban atención. Se percató de que había algún niño más, a parte de ella, intentando llamar la atención de los padres sobre la aparición mágica de aquel tren en ese andén misterioso, pero tampoco conseguían llamar la atención de los adultos. Entonces se le ocurrió una gran idea. “¿Cómo no se me había ocurrido antes?” pensó. Se acercó al vagón principal del tren y gritó con la esperanza de que el maquinista le contestara: “¡Señor maquinista!, me llamo Blanca, ¿podría decirme dónde va este tren?” Nadie contestó al principio. “¿Hay alguien ahí?” insistió la joven. Y entonces se escuchó una leve risa. “¿Quién ríe?” preguntó Blanca. “¿Es usted el maquinista?” La risa se escuchaba cada vez más fuerte. Era una risa agradable y muy contagiosa, sin duda a Blanca le encantaba esa forma de reír. Pero ¿quién reía? eso la tenía intrigada. Y de pronto se dio cuenta. ¡No podía ser posible! La cara de Blanca se llenó de asombro. ¿Ciertamente era real lo que estaba viendo? Se frotó los ojos con fuerza y se pellizcó varias veces para asegurarse de que no soñaba. Pero no soñaba. Lo que veían sus ojos era cierto. ¡El morro del tren era una enorme nariz, las ventanas unos enormes ojos y las puertas unas enormes orejas! El tren estaba vivo.

Blanca no tenía miedo del tren. Aunque nunca había visto un tren vivo, sin embargo no estaba asustada. “¿Dónde va usted señor tren? ¿Y qué número de andén es éste?”. El tren respondió “Querida Blanca, es difícil saber dónde voy. Mi destino es ciertamente inesperado. Unas veces vamos a la montaña a buscar huellas de animales, otras veces vamos al bosque a buscar plantas nuevas, otras a la selva a ver animales, y en ocasiones vamos al pasado a ver cómo vivían las personas y respetaban el medio ambiente… en general tengo que decir que vamos dónde la imaginación de los pasajeros nos lleva. En cuanto al andén, mi pequeña amiga, ¿aún no te has dado cuenta de que es mágico? ¡Súbete y sueña Blanca! porque este tren irá a dónde tu imaginación te lleve”. “Me encantaría”, contestó Blanca. “Pero ¿y mis padres? Les debo avisar para que no se preocupen”. Blanca era una niña muy buena. “No debes inquietarte pequeña amiga. Cuando vuelvas, para tus padres sólo habrán pasado unos segundos”. “¿En serio?” dijo Blanca sorprendida. “¡Pues claro que es en serio! ¿Cuándo vas a entender que este andén es mágico?”.  

AUTOR: ALEJANDRO
ROJAS

  

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